"El espíritu de Oaxaca está presente por doquier, pero donde más se percibe es en sus criaturas fantásticas…alebrijes y nahuales que nos asustan y atraen a la vez." 
Adela Fernández, escritora mexicana

Para el artista Francisco Toledo, el hombre se relaciona con la naturaleza y los animales que son parte fundamental de la vida. No es casual el encuentro con ellos. El maestro vio en su infancia en Juchitán que un alacrán picó a su tía y le provocó la pérdida del habla. Años más tarde, Toledo mismo fue la víctima del alacrán y comenzó a hablar sin parar para que no le sucediera lo mismo. Seguidores de su arte, una generación de creadores oaxaqueños como Rubén Leyva, Fernando Andriacci e Ixrael Montes pueblan con una nutrida animalia estos armazones que resguardan las Visiones de Oaxaca.

"Los rostros se multiplicaban entre las vigas del techo hasta el punto que quienes los miraban parecían confundirse con ellos."
Cristina Meza, escritora mexicana

La identidad sólo puede cimentarse a partir de la mirada del otro; frente a ella descubrimos el velo que nos protege y nos volvemos vulnerables.

Representación de un tiempo y espacio, estos rostros transfigurados en armazones recuerdan la pintura ancestral de las cuevas rupestres y sus escenas religiosas y de vida cotidiana. Altamira en España, y Lascaux en Francia son testimonio del abrigo protector que el hombre prehistórico encontró en los seres que lo rodeaban. Asimismo, manos, pies, rostros y figuras esquemáticas –como las que aquí se presentan– dan cuenta de la necesidad humana de perpetuarse en las imágenes.

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